Hablemos de números.

Dejadme que meta hoy la cabeza en el bote de las alternativas. Ese en el que se pierde una. A veces sin querer. Y a veces queriendo.

Bueno, si estáis aquí supongo que sabéis que nuestro diágnostico principal fue una azoospermia total. Total que nuestra única posibilidad es ir con esperma de donante. Eso por la parte masculina.

Por mi parte, tengo SOP. Y pronto 32 años. Durante unos cuantos tuve amenorreas de más de 6 meses. Luego estuve unos años con ACOS. Y finalmente, desde los 25 o así, con alimentación de bajo IG y deprivando con progesterona cuando pasaban más de 50 días sin regla (gracias, doctora, por aquella información en aquél momento) he ido consiguiendo ciclos ovulatorios de un máximo de 40-45 días. Mi HSG sale bien, trompas perfectas y útero un poco “duro” (según JC), gracias al hiperestrogenismo del SOP.

En este tiempo hemos hecho los siguientes TRA:

– FIV-ICSI en enero 2017 (30 años recién cumplidos). De la que obtuvimos 36 ovocitos maduros. Según el laboratorio, “con muy buena pinta”. Microinyectamos 10 y obtuvimos 4 blastocistos de día 5. Muy buena calidad los 4.

– Julio 2017: Transfer de un blasto en ciclo sustituido, negativa.

– Septiembre 2017: Transfer de un blasto en ciclo sustituido, negativa.

– Noviembre 2017: Transfer de un blasto. En ciclo natural. SIN progesterona (recomendación de los ginecólogos, sabiendo que tengo SOP y que produzco poca). Ciclo de mierda con manchado a 3 días post-ovulación. Aún así deciden seguir adelante. Transfer dificultosa. El embrión vuelve al incubador en dos ocasiones. Me hacen daño. Tengo contracciones dolorosas durante varias noches. Negativo.

– Enero 2018: Transfer de un blasto. Ciclo natural, esta vez bueno, con progesterona. Sin manchados. Transferencia de mierda. Me hacen MUCHO daño. El embrión vuelve dos veces al incubador. Las contracciones empiezan esa misma tarde. Negativo.

– Nos quedan 26 ovocitos vitrificados, de 30 años. Pero del mismo ciclo y de un ciclo en el que han salido 36 (lo que se supone que merma la calidad).

– Entre mayo y septiembre 2018 hacemos 4 ciclos de IAD. 3 en natural, y uno estimulado con 2 folículos maduros. Endometrios buenos (mejores que los de los ciclos sustituidos, con una media de 10mm). Todo negativos. Beta negativa a 14 DPO. Ni rastro de vida en mi interior.

Sobre la cuestión económica (que importa), os diré que el ciclo de FIV-ICSI fue pagando (y para quien tenga curiosidad o necesidad de hacerse una idea de lo que puede suponer os cuento que, a bulto, nos gastamos unos 11.000€ en total, con las 4 transferencias y la medicación que no me cubría la SS). Las 4 IADs las hicimos gratis con nuestro seguro médico. Que nos cubre también 3 ciclos de FIV. Esto significa que podríamos plantearnos hacer gratis (medicaciones aparte) lo siguiente:

– Un ciclo de ICSI con todos los ovocitos vitrificados. En este caso tenemos opción de hacer DGP (estamos en el borde del fallo de implantación con las 4 Transfer, esa sería la indicación) o no hacerlo.

PROBLEMA: en principio preferiría ir sin DGP, pero si contamos con una tasa de evolución parecida a la del ciclo con ovos frescos, me plantaría con 8 blastos sin DGP en el congelador. Si al cabo de 3 ó 4 no me quedo embarazada, habría que desvitrificar-revitrificar para hacer un DGP si nos lo planteamos. Y si me quedo embarazada… Pues me sobran un montón de embriones en el congelador, lo cual, para mí, tampoco es una situación ideal. Es una estupidez mía, sí. Pero me preocupa. Y hacer DGP sin necesidad también me preocupa. Sé que se hace y no pasa nada, pero a mí me da que pensar.

– Dividir los ovocitos y hacer una ICSI con la mitad, sin DGP. Y seguir transfiriendo. De esta manera los restantes se quedarían para un siguiente ciclo con DGP, sumándolos a los de otra estimulación o no, si llega ese momento.

PROBLEMA: si no me quedo embarazada, gastaríamos dos ciclos en lugar de uno para hacer lo mismo.

– Hacer una nueva estimulación a ver si conseguimos controlar mis ovarios y sacar un número más discreto de ovocitos.

PROBLEMA: La medicación son 800€. La doctora me habla de intentar conseguir unos 15-20 ovocitos para inducir ovulación con hCG y transferir en fresco. A mí no me inspira confianza, me da por pensar que no sabe bien con qué ovarios juega. Vale que ya tengo dos años más, y cada año que pasa mis ovarios “inmaduros” van haciéndose viejos y el SOP va calmándose. Pero digo yo que si hubiera sido posible controlarme así, ya lo habrían hecho la primera vez. Me da miedo el Ovitrelle en esas circunstancias. Y tampoco sé si merece la pena jugársela por hacer una transfer en fresco con un SHO aunque sea leve… ¿A cambio de acabar en la UCI con un SHO de los de flipar? No lo veo. Otro inconveniente es que yo ahora trabajo. Y no sé yo cómo puedo compaginar una estimulación con el trabajo, sobre todo si acabo con ovarios de 400cc como la otra vez. O con un SHO que parece que llevo trillizos en la tripa. Todo esto para deciros que esta idea no me gusta. Tampoco me apasiona la idea de tener que estar mimando mis ovocitos otra vez. He dejado la metformina porque me cansé de encontrarme mal a diario…

– Hacer otra IAD, que aún nos queda un intento gratis. Esta vez sería con estimulación a ver si con un poco de suerte conseguimos 2-3 folículos. Sería una fase de transición… Para retomar contacto con la RA sin la presión de una Transfer (chica, yo me vinculo a mis embriones, soy así de gilipollas, y esto no mejora con la experiencia, por lo que estoy viendo). Y después… Pues volver a plantearnos las tres opciones anteriores.

Y si decidimos romper la hucha, otra vez, pues la alternativa es irnos a Valencia a consulta con Juana Crespo y decirle que haga lo que le salga del potorro para dejarme preñada. Pero esto tendría que esperar o a que yo deje de trabajar o a que pueda pedir algún día para cuadrar los desplazamientos. Y sospecho que me querrá meter mano en el útero. O bisturí… Más bien.

Con respecto a pruebas, tengo hechas:

– Tiroides, vit D, metabolismo de la glucosa y compañía…

– Trombofilias e inmuno básica (enfermedades autoinmunes y tal). Todo bien.

– HSG.

– Eco 3D que me hizo JC y con la que me consideró apta para preñarme con la técnica del “polvo en casa” o, en su defecto, inseminación intrauterina.

Nunca me he hecho histeroscopia ni biopsia endometrial de ningún tipo. No me gustaría empezar a toquetear el útero por dentro sin necesidad… Me gustaría conservar mi virginidad para alguien que sepa que hacer con ella… Ya sabéis.

Total, que no tengo ni puta idea de cuándo voy a dar el paso, eso os lo dejé claro, pero que tampoco tengo ni puñetera idea de cuál será el paso tampoco. Así ando… Cazando unicornios azules. O algo.

¿Sugerencias?

Advertisements

Yo siempre. Yo nunca.

Perdona mi condescendencia. Juzgarte sería juzgarme a mí misma. Explicarte sería faltar al respeto a tus tiempos. Por eso escucho sin más.

Perdona si me quedo callada y digo que lo entiendo. Lo entiendo. Es que yo lo pensaba también.

Perdona si no te digo que creo que te equivocas. Es que no pienso que haya una visión errónea y una acertada de la vida. Sólo hay formas diferentes de ver.

Pero tengo que confesarte algo:

Cuando te sientas frente a mí y me dices que “tú nunca”, percibo juicio en tus palabras. Porque fueron las mías un día y aunque quería que no, juzgaba. Y lo supe cuando tuve que enfrentarme a mis propios juicios. Yo misma.

Cuando comparas tu pasado con el mío, cuando equiparas tu sufrimiento a mi dolor, percibo juicio en tus palabras. Porque a veces me pondría en tu lugar, pero no te lo digo. Porque comparar nunca es bueno.

Cuando me miras a los ojos y me dices que “tú siempre”, me recuerdas que yo ya nunca podré hablar así. Que pasó algo que arrasó con todas mis certezas.

Y no puedo decir que eso sea malo. Pero revuelve.

Y tengo que callar.

Cuando te plantas ante mí con toda esa confianza que yo perdí, me siento pequeñita. Y me duelen las palabras que tanto me cuesta encontrar y que no entiendes. Así que no digo nada.

Porque hay cosas que no se piensan, ni se saben, ni se deciden. Se viven, cuando vienen, si vienen.

Ni siempre, ni nunca.

Otra vez.

Mocos, babas, lágrimas…

Otra vez.

¿No fue suficiente con las últimas? Se ve que no.

¿Cuándo se acaba esto? Todavía no.

¿Pero entonces es que ya no quieres tener hijos? No es eso, es que ya no me acuerdo de por qué los quiero. Y he llegado a sentirme tan inútil mientras buscaba que no quiero seguir buscando. Porque no quiero sentirme inútil.

Pero eso no significa que no quieras tener hijos… Pues no, no necesariamente. Lo que no quiero es sentirme inútil.

¿Y eso cómo se soluciona? Ya me gustaría a mí saberlo.

Creo que tengo miedo de que de nuevo no funcione. Creo que tengo miedo de tomar decisiones equivocadas. Creo que tengo miedo de precipitarme, de ser egoísta. Creo que no quiero tener que tomar decisiones “de esas”.

¿De cuáles? De esas. De las de coger cromosomas prestados de alguien… De las de jugársela a un embarazo múltiple y exponeros a los dos a los riesgos, por mis prisas, o por mi tontería. De las de tomar cosas mientras estés ahí dentro por miedo a que pase algo si las dejo y mientras pasar miedo por si pasa algo si las tomo…

Tengo un miedo de pelotas de que mi próximo paso en este puto maratón de RA sea verte en un test, en una eco… Y luego en mis bragas y en la taza del váter.

Eso no tiene por qué pasar. Ya, tantas cosas no tenían por qué pasar. En realidad nada de toda esta mierda debía pasar. Debía ser un polvo. O unos cuantos, vaya. Vale, sí, contando con “dificultades”, un año de paciencia. Han pasado tres. Tendrías ya más de uno. Eso no es nada. Pero es tiempo suficiente para perderse.

¿Te has perdido, entonces? Pues es posible. Me he desorientado, sin duda. Esta casa es muy grande. Y está muy vacía. Joder, mi puta tripa está vacía, mis tetas están vacías, mis brazos están vacíos. Tu habitación está vacía. El hueco que dejé libre para poner tus trastos en el salón, porque me resistía a pasar página aún, está lleno de mierda. Y no hay nada tuyo.

Bueno, si volvemos a intentarlo vamos a lo seguro… Pero es que yo no quiero. No quiero tener que decidir si hacerles un agujero y robarles un montón de células a mis hijos para ver si tienen potencial de serlo o no. ¿Por qué cojones tengo que decidir eso? ¿Por qué tengo que llevar ese peso en mis hombros? ¿Por qué tengo que escuchar a idiotas hablar sobre la “ligereza” con la que supuestamente los infértiles decidimos cómo tener hijos?

¿Es eso? ¿Te importa lo que digan los demás, ahora, de pronto? Igual no me preocupa lo que me digan a mí, pero sí lo que te digan a ti. O lo que me digas tú. ¿Y si no te parece bien lo que te hice, cómo te hice?

¿Crees que no te querré o qué? Qué sé yo, igual es eso. No. Qué más da, no se trata de mí. Quiero que vueles libre. No quiero que cargues con pesos innecesarios sobre tus espaldas.

Pero tú los cargas. Todo el mundo carga. Deberías soltar lastre. Al fin y al cabo lo más importante que vas a hacer por mí como madre no es esto. Esto es lo que toca para llegar a la casilla de salida. No pierdas el norte.

Gracias por avisar, ya lo perdí.

Pues vuelve a buscarlo. Si sigues así tus ovocitos dejarán de ser tan atractivamente jóvenes como eran hace dos años.

Muy gracioso. Tú estás ya en el congelador. Mis huevos envejeciendo son problema mío. ¿Te das cuenta? Vas a ser una especie de viaje en el tiempo. Serás hijo de una madre viejoven. O algo asi. Igual tienes hermanos mellizos del hielo nacidos años después que tú. ¿Imaginas? Compartistéis la misma placa de Petri y luego el tiempo se paró para ellos. Aún más. Porque los huevos ya llevan dos años cogelados.

A tu primo esto le encantará. Seguro que le das tela de envidia. Le encanta la “siensia”. Y tú eres pura ciencia. Y un huevo de tesón. Y muchas ganas. Y mucho amor. Qué dificil, bebé.

Va, creo que me preocupa no estar a la altura.

Y tengo miedo.

Bueno y estoy cansada, no es fácil mantenerse en pie durante todo este camino, ya lo dije una vez. Me caí. Tengo heridas en las rodillas.

Y nadie sabe cuánto queda.

Bueno, y soy un poco mandona y controladora. Y ahora mismo la única decisión que SÍ depende de mí, es renunciar.

¿Ha sido una rabieta, entonces? ¿En serio? Qué sé yo. Quizá necesitaba controlar algo. Necesito controlar algo. Mi cabeza da muchas vueltas. Puede que sea eso.

Por suerte hay personas que cuidan de que no me pierda demasiado.

¿Dónde estás?

A veces me escaparía por un agujerito.

Y luego lo cosería desde fuera para que nadie supiera qué ha sido de mí.

A veces no quiero contestar a ningún por qué. En realidad ni siquiera quiero oírlos. ¿Por qué? Qué sentido tiene. Qué más da por qué, en realidad. ¿Por qué no?

A veces quiero salir corriendo pero no puedo romper los hilos que me atan. No porque no sean frágiles. Lo son. Pero no puedo. ¿Por qué haría eso? Otra vez “por qué”.

A veces siento que si me hago caso, hago daño. Y si no me hago caso, me hago daño.

Por eso a veces me gustaría escapar por un agujerito, coserlo desde fuera, y mientras me buscan, respirar.

¿Cómo estás?

Hoy me tiembla el pulso. Tengo un nudo en la garganta. Y me siento como si en cualquier momento me fuera a poner a llorar, pero no.

El sábado salí con unos amigos. Hablamos, bebimos, nos reímos… Y en un momento surgió “el tema” y alguien me contó una de esas historias de Fulanita. Esta vez Fulanita tenía un hijo y se obsesionó con tener otro, tanto que se volvió medio loca y no había quien la aguantara. Dije “claro, claro, entiendo, por supuesto”. No sé por qué la gente piensa que yo quiero saber su opinión sobre la vida de Fulanita. Siempre.

Ayer fui a comprarme ropa. He perdido unos kilos. Y aunque ha sido involuntario, disfruto de ponerme vaqueros ajustados y camisetas nuevas. Y bragas bonitas, también.

Y hoy abrí mi armario y me puse a limpiar. Fuera todo lo que no me pongo. Y sobre todo la montaña de “por si”. Sí, va, ya sabéis. Todas esas cosas holgadas, largas… “Por si”. Tenía muchas y algunas desde hace tanto tiempo, que han ido directamente a la basura por viejas. Eso ha sido duro, me ha removido muchas cosas por dentro.

Han venido mis tíos. Y yo tengo los retratos de mis embriones expuestos en medio del salón. Los puse ahí cuando los enmarqué y, aunque no es su sitio definitivo, aún no los he movido. Y de pronto me he puesto nerviosa por si preguntaban que qué era eso. He distraído la atención hacia la pelvis de plástico que tenía encima de la mesa. Una pelvis de mujer. He pensado que me gusta mi tripita plana y sin estrías y mi suelo pélvico, intacto. Ha ocurrido así todo por ese orden, no sé por qué. ¿Por qué no?

El viernes salí a cenar con un compañero de trabajo. La semana pasada se dio cuenta de que estaba regular y cuando me cansé de contestar con evasivas le dije que un día se lo contaría pero fuera de allí. Y se lo conté. Me escuchó. O mejor, me ESCUCHÓ. Luego me dio un abrazo y me dijo que si necesitaba cualquier cosa, podía contar con él. Supongo que nunca será del todo consciente de lo que supuso para mí esa conversación, pero vosotras sabéis que esas personas (que saben qué decir y sobre todo qué NO decir) no te las cruzas todos los días.

Cada día, durante un rato, me observo, sin mirar. Me escucho, aunque no me entienda del todo. Y me gusta en lo que me he convertido. O en lo que esta experiencia me ha convertido. Me alegro tanto de cada una de esas personas mágicas que he conocido al haber pasado por aquí.

Y, sí, hoy me tiembla el pulso. Y tengo un nudo en la garganta. Y tengo como ganas de llorar, pero no.

Perdona si cuándo me preguntas cómo estoy respondo sólo “bien”. Es que no sé cómo explicarlo mejor.

 

Y me bajé…

Paramos. STOP. Pausa.

Lo intenté varias veces y no pude. Parar. Y de pronto no puedo. Seguir.

Así que se acabó. Me bajo del tren en marcha. Esperando que pase otro algún día, sí.

Se han acabado los tratamientos para mí por el momento.

Cuántas veces os oí hablar de vuestras “pausas para reponer fuerzas”. Y no lo entendí. Cuántas veces os leí escribir sobre vuestra “necesidad de desconectar”. Y no la entendí.

¿Desconectar? ¿Cómo desconectar de algo que deseas tanto? ¿Cómo desconectar de algo que te ocupa y condiciona, en mayor o menor medida, todas las parcelas de tu vida? ¿Cómo desconectar de tu proyecto de vida, de la única manera en que te imaginabas tu futuro desde que eras niña?

Imposible, ¿no?

Si estáis en ese sitio donde estaba yo hasta este jueves y no lo entendéis, sólo os deseo una cosa: que no lo entendáis nunca. Que venga ese bebé antes de que, de pronto, lo entendáis.

Porque si, como yo, habéis de entenderlo… Joder que lo entenderéis.

De pronto llega un día, o un instante, en el que descubres que aún eres lo que eras antes. (¿Antes? Si yo no he dejado de ser yo nunca… ¿verdad? Hago esto porque es lo que quiero. Hago esto porque es lo que tengo que hacer para conseguir lo que quiero…). Un puñetero instante en el que te ves disfrutando de lo que eres, ahora. De lo que aprendiste, hasta ahora. De lo que tienes, ahora. Y, en un segundo te proyectas en el futuro sin el “y si me quedo embarazada…”. Y abres una puerta a la que llevabas tanto tiempo dándole (in)voluntariamente la espalda que ya habías olvidado que estaba ahí. Y la abres. Y te gusta lo que ves.

Y tu alma te grita: “No quiero quedarme embarazada”.

Así. En medio de una conversación sobre qué hacer en el próximo ciclo. Dos segundos después de concertar una cita con tu ginecóloga para mañana.

Tu cabeza te da una hostia desde dentro. Y te suplica: “por favor, no”.

Y ya está. Pararás.

Y ahora estoy aquí en un punto en el que no entiendo de dónde salen las fuerzas para volver. Pero ya sé que cuando haya de entenderlo, lo entenderé.

Hoy he sacado mi caja de jeringuillas, viales, bolígrafos… Los he contado, ordenado… Guardado. Los he vuelto a sacar. Test de ovulación, embarazo. Blisters de progesterona… Un parche de Evopad que quedó por ahí perdido. El pastillero gigante de mis pastillas y vitaminas. El botecito de los probióticos, que no se me olvidan desde la ecatombe genital post-decapeptyl. Mi cuaderno de notas, con todos los test pegados por orden con las anotaciones de cada ciclo.

Son muchas cosas, ¿verdad? No lo parece porque, materialmente hablando, me han cabido en un cajón. Pero joder, que sí eran muchas cosas. Eran cosas que yo no sabía ni que eran.

En un punto he empezado a llorar lágrimas que no sabía que guardaba.

Y ahora sé que me quedan muchas más por llorar. Me queda mucho por sanar. Me queda mucho por crecer. Me queda mucho por disfrutar y por sufrir, también. Me quedan errores por cometer.

Me queda vida por vivir. Y quizá una maternidad. Deseada con el alma, como debe ser.

Que paren el mundo que yo… me bajo.

Hoy es ese día. Por 8ª vez ya, no soy nueva en esto. Pero joder el puto día.

Es ese día justo en el que integras un negativo más, tu cabeza da vueltas con el millón de posibilidades que se le vienen encima (hasta las más inverosímiles que os podáis imaginar) y el bajón de progesterona junto con la sobredosis de estrógenos aún sin digerir que has tragado durante el ciclo te regalan uno de esos SPM épicos, en los que te pasas el día entero entre la apatía patológica y el borde del llanto y al final acabas teniendo una crisis porque se te han caído las llaves al suelo.

Es ese día en el que les juras a tus “compañeras” de lucha que ya está, que renuncias, que de todas formas, tampoco tenías tantas ganas de ser madre y este mundo es una mierda para traer criaturas al mundo. El día en que te pones a mirar viajes al fin del mundo por el mismo precio que te costaría un nuevo tratamiento…

“No es el momento de tomar decisiones”. Repito compulsivamente cuando me toca estar al otro lado de la conversación.

Y ellas (y yo) siguen: Que sí, que lo tengo claro.

“No es el momento de tomar decisiones”. Repito.

Vamos, que “no es el momento de tomar decisiones”. Y “todo pasa, aunque ahora no lo creas”.

Así que voy a hacer las paces hoy.

Voy a hacer las paces con la envidia cochina que me dan mis compañeros de trabajo, treintañeros, como yo, pero solteros, sin compromisos… Todos con las cabezas llenas de proyectos en los que son el centro absoluto de sus prioridades. Sin niños, por Dios, eso “en el futuro” (ay, madre, si tú supieras lo que puede depararte el futuro)…

Porque sé que yo no quiero eso. Pero ahora lo quiero. Lo anhelo, lo envidio, lo deseo. Echaría a correr hacia allí. Saldría del trabajo y me iría de cabeza al primer bar de copas que encontrara a decir tonterías, bromear sobre sexo y compartir vídeos ridículos por Youtube y quedarme allí para siempre (porque la resaca del día siguiente no aparece en mis fantasías, para eso son fantasías).

Estoy escribiendo esto con lágrimas en los ojos y una estúpida sonrisa en la boca.

Porque en el fondo de mi ser sé que esa vida “sin complicaciones” es exactamente igual que el “dejar los tratamientos y dedicarme a viajar” o el simple pero muy manido “hacer un descanso”, típicos de estos días en el limbo reproductivo. Entre el negativo que se lo lleva todo y la regla que trae posibilidades nuevas.

Pero hoy lo siento tan real…

Y tengo tan pocas fuerzas para pelear contra mi misma que hoy hago las paces.

No pasa nada, querida cabeza, fantasea con lo que quieras.

“Todo pasa”.

PROMETIDO